
“LA FIGURA PRESIDENCIAL EN RD, DEBE TRATARSE COMO SIMBOLO DE LA DIGNIDAD NACIONAL
Reflexiones de Actualidad Política
Por Julio A. Altagracia
El Horizonte, Santo Domingo RD.- En otros de nuestros escritos, nos hemos referido a la importancia, el respeto y la distinción que debemos profesar a la figura de el Presidente Constitucional de la República, ya que éste, al ser electo por la voluntad soberana del pueblo, ese acto se le concede la máxima dignidad de que goza la República, para su representación nacional e internacional.
Lo que expresamos más arriba es un tema tan real que la constitución y las leyes le acreditan para recibir y dar lo más altos honores de la nación, así como la exclusividad en el título y tratamiento de Excelentísimo Señor con que se le distingue al Presidente y Vicepresidente de la República.
En orden con lo anterior es nuestro interés en estas Reflexiones de Actualidad Política, llamar la atención sobre el cuidado y el respeto máximo que debemos profesar a esos símbolos que representan y distinguen, cívicamente, la dignidad, la soberanía y la grandeza de nuestro país.
Hay dos cosas, de manera fundamental por las cuales, en esta ocasión, nos mueven poderosamente a referirnos a un tema como este, que enfocado responsablemente define y manifiesta con absoluta claridad los más excelsos sentimientos de civismo y admiración a los más altos valores con que se honra, orgullosamente, el legado de nuestros patricios y la grandeza de la República Dominicana.
Por lo que no debemos permitir que la politiquería sin sustentación, la irresponsabilidad, la ignorancia, los odios y resentimientos generados por incapacidad y las ambiciones enfermizas de poder, en muchos casos, juntos a la pérdida de valores morales en nuestra sociedad, estén contribuyendo a que en las redes sociales, usadas por la libre, y medios televisivos no tradicionales o con tendencias abiertamente partidistas, creados y cualquierizados, sean parte de una especie de campaña de detractacion de los más importantes símbolos que encumbran la figura presidencial en nuestro Nación.
La inquietud expuesta más arriba debemos observarla con atención y preocupación, por los daños que les infieren a los cimientos de la institucionalidad democrática de la nación y por la inmerecida, irrespetuosa y abusiva campaña de detractacion con que se pretende menospreciar la figura del Presidente Luis Abinader, de manera particular.
Usted, con razón o sin ella, puede y tiene legítimo derecho a disentir y criticar acciones y comportamientos del Presidente de la República y esa es función esencial de los partidos de oposición, al convertirse en foros permanentes de críticas y cuestionamientos a las acciones que entiendan sean manejadas de forma que no convenga a los intereses del país, y con lo cual le rinden importantes servicios a la institucionalidad y al orden
constitucional del país.
Lo que no es correcto y hasta peligroso, si se quiere es que disfrutando nuestro país en estos momentos tan complejos, y difíciles, de una democracia plena liderada y conducida magistralmente por el principal activo político con que cuenta la nación y en pleno proceso de crecimiento en paz y orden, visto por la comunidad internacional como un ejemplo a seguir, y sin otra ambición que no sea el bienestar de todos los dominicanos hayan sectores y/o personas que en su accionar tengan como único propósito dañar y desmeritar el prestigio bien ganado y la dignidad que representa el Presidente Luis Abinader, en su calidad de Jefe del Estado Dominicano.
Es normal en un sistema democrático estar o no de acuerdo, por las razones que sea, con el accionar político del Jefe del Estado, pero no debemos dejarnos llevar de sentimientos para caer en irreverencias e irrespeto frente a la figura presidencial y mucho menos desconocer de manera particular, que el actual Presidente de la República y su familia, esposa, hijas y hermanos, constituyen ejemplos de conducta, en su vida pública y privada, mismas altamente valorada dentro y fuera del ámbito local, por lo que no sólo representa dignamente los más altos valores de la Nación, si no que su conducta formal nos llena de orgullo y satisfacción, lo que debe convertirse en un espaldarazo a su convicción de Jefe del Estado Dominicano.



