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Opinion

LAS REFORMAS UN PARTO SIN CESÁREA

Reflexiones de Actualidad Política Por Julio A Altagracia G   presidente del PVUD

 

El Horizonte, Santo Domingo DN, RD.- En nuestro país, en las últimas semanas, pero que viene de lejos, se está hablando diariamente, con un despliegue de primer plano, de las reformas que dolorosas como un parto sin cesárea, requiere con urgencia nuestro ordenamiento estatal para evitar el colapso de nuestra estabilidad macroeconómica, laboral y social, por haber llegado a niveles que demandan de manera indispensable su materialización como un tema de interés nacional.

Las Reformas de que se habla de manera fundamental, son La Fiscal y la del Sector Eléctrico, entre otras, como la Reforma Constitucional. Todas ellas con marcada urgencia por no haberse hecho oportunamente y que ahora resultan preocupantes, indeseadas y traumáticas, las cuáles mantienen en vilo y en total expectativa a todos los sectores de la vida nacional, conscientes de que las mismas constituyen para el país, un parto sin cesárea, indispensable totalmente para la estabilidad y desarrollo de la República Dominicana.

Las preguntas serían: ¿por qué ahora? ¿y por qué todas?
Tres razones fundamentales:

Ahora porque el país, hoy ha asumido una conciencia clara de la necesidad y urgencia de esas reformas.

Porque estamos en los inicios de un nuevo cuatrienio gubernamental, lo cual permite articular consensos con todas las fuerzas y sectores de nuestro país, incluso de mucho más alcance y tiempo, como sugiere el CONEP, y además porque se dispone de tiempo que permita hacer cualquier ajuste o adecuación en beneficio de algún sector que haya sido afectado en su ejecución, más allá de sus posibilidades económicas.

Además, y de manera principal, por el hecho de que ahora se cuenta, con la legitimidad, la autoridad y la confianza de un liderazgo nacional en actitud de asumir la responsabilidad desde la presidencia de la República, encabezado por el presidente Abinader, elementos éstos que nos permiten acudir a la sala de partos, seguros, confiados y conscientes de que no sólo vamos de la mano de un buen especialista, sino de que esté goza de una gran sensibilidad social y humana.

Así las cosas, ¿entonces de que cuidarnos?

 Como se trata de acciones con los efectos de una cirugía dolorosa en el cuerpo de la nación debemos cuidar la presión que las mismas pudieran ejercer económicamente en sectores o áreas vulnerables de modo tal que el procedimiento resulte peor que la enfermedad, cargándole un peso mayor al de sus posibilidades.

Debemos cuidar el manejo y aplicación de esas reformas para que sus efectos no sobrepasen lo previsto por una acción inadecuada.

Debemos cuidarnos del oportunismo, la irresponsabilidad o la imprudencia de un sector resentido y cargado de odios en una parte de la oposición política, que aun cuando consciente y responsable, sí se quiere de algún modo, de la necesidad imperiosa de estas reformas, pretendan aprovecharse de las inquietudes y temores de sectores que se sientan afectados, tratando de inducirlos a expresar sus rechazos mediante actos de reclamos, por medio de acciones que alteren el orden y la paz pública.

En orden con lo anterior, la prudencia indica que:

 Una vez aprobadas esas reformas su aplicación debe hacerse de manera gradual, según la soporten algunos sectores o áreas, ya que aplicarla de golpe y porrazo, pudiera resultar calamitoso.

Que estas reformas se aprueben de manera integral, asegurándose de que surtan los efectos que se persiguen conscientes de que estamos ante el tiempo de las reformas, no nos queda otro camino que ir por ellas sin mirar hacia atrás.  No hacerlo ahora sería una irresponsabilidad y caer en lo peor.  En ese orden vamos a su materialización confiados, decididos, con firmeza y determinación a participar de ese proceso defendiendo con equidad a cada sector, pero sabiendo que en esto está en juego el interés de la nación. Entonces vamos con la interesa y certeza de que en algo tenemos que ceder, porque el país así lo requiere y nuestro futuro también.

Dr. Julio Ant. Altagracia Guzmán

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